Historia Alcoceber

Castillo de Xivert Alcala, Alcossebre, Alcocebre

 

História Alcoceber

En 1260 tuvo lugar la repoblación de alcoceber por concesión de fray Guillem de Muntanyana, Maestre de la Orden del Temple, en favor de Raimundo Perpunter, Bernardo Conill y otras 40 personas. El documento público se firmó ante el notario Pedro Tamarit el 12 de marzo de 1261.

De la Carta de Población que a continuación señalamos, se puede observar que los del Temple hicieron una construcción (torre o amurallamiento o alguna de ambas), también había herrería, pozos de agua y molinos de aceite, viento y agua así como un horno de pan.

Sin embargo, poco a poco las gentes fueron emigrando hacia Alcalá (Carta Puebla del 3 de enero de 1250), hasta que en 1320 sólo quedaba un vecino, es decir que en sesenta años se despobló.

Ante ello, el Maestre de la Orden de Montesa, fray Per Thous (elegido como Maestre en 1327 y fallecido en San Mateo, el 5 de agosto de 1374), otorgó Carta de Población el 26 de febrero de 1330. Téngase presente que el Papa Clemente V, en Concilio de Vienne (1311-12), suprime la Orden del Temple en toda la Iglesia y en la Corona de Aragón sus bienes pasan a la de Montesa.

Este privilegio se concede a cuarenta pobladores, delimitando su jurisdicción, y el número de heredades con los privilegios y reservas a la Orden de Montesa "según fueros, usos y constumbres de la ciudad del Reino de Valencia de los que podeis usar libremente..." con determinadas obligaciones para con la Orden y el Comendador de Xivert. El documento se firmó en el Castillo de la población de Cervera el 26 de febrero de 1330. De ello fueron testigos el rector de la Iglesia de Alcalá Pere Puigcerver, Andrés Casalduch, procurador de Alcalá nombrado al efecto por el notario de Xivert, Guillem Moliner, el cual también fue testigo de los hechos (J. Bover).

En tiempos del rey Pedro el Ceremonioso (1319-1387) se otorga el privilegio de autorizar la carga de frutas en la playa de alcoceber en 1353, de ahí el topónimo de "playa del carregador", con toda probabilidad.

Por otra parte, ya antaño pudo haber una torre vigía, pero en la construcción de la Cap i Corp, citando también la de alcoceber. Eran tiempos de Alfonso V de Aragón (1416-58).

En Alcalá existe, labrada en piedra, en la esquina de la calle de San Juan la conmemoración de la victoria de los de la población en que el 17 de noviembre de 1547, 500 moros la atacaron sin conseguir entrar en la población, tras desembarcar catorce galeras turcas en "las playas de Alcalá de Xivert", según Balbas. Evidentemente, se entiende que el desembarco y la huida de aquellos tuvo lugar en alcoceber. Posteriormente, documentación señala a alcoceber entre los lugares donde existen torres vigía y también se señala en 1554.

A finales del siglo XV, la Orden de Montesa fue incorporada a la Corona. Con todo, el 8 de junio de 1583, pasa de nuevo a integrarse con Alcalá, después de haber ostentado determinados privilegios jurisdiccionales concedidos por Pere Thous a sus pobladores en 1330.

Siguen dándose noticias de las playas como del entorno, cuando el 10 de octubre de 1586, cuatro galeras turcas persiguen a una valenciana que se ve obligada a refugiarse en Cap i Corp y resistir el ataque de aquellos hasta la llegada de gente armada de Alcalá, que les obliga a huir hacia el mar.

Durante el siglo XVII seguimos teniendo levantada la tradicional torre vigía y a finales de la centuria siguiente (1785), se dice que aquella está en desuso, documentándose también datos que sus gentes sufren los avatares de las razzias de los "turcos" o "argelinos" y sus playas y sus calas son testigos de ellas.

La vigilancia de las costas ha constituido una constante entre los escasos habitantes que residían en alcoceber y Cap i Corp, integrados en la jurisdicción de Alcalá de Xivert, de donde han formado siempre parte. Así, los puestos de la Guardia Civil y los acuartelamientos costeros, desde su constitución de mediados del siglo XIX han formado parte del paisaje y de las gentes del lugar.

El hábitat de alcoceber ha sido disperso, constituyendo tradicionalmente su principal núcleo "El Renc", actual calle de San José, y en Cap i Corp "el Renquet" o lugar donde perdura, frente al mar, la llamada "aduana" y una serie de casas que a lo largo de los años van transformándose en lugares descanso veraniego.

Por lo demás, este hábitat cumplía el cometido de almacenaje de los productos de la recolección (algarrobas, almendras) de las familias de Alcalá que poseían tierras en la franja litoral, para después llevárselo a Alcalá en carros para su venta.

A lo largo del siglo XIX e inicios del actual, salvando excepciones, mayoritariamente las tierras han estado ligadas a propietarios de Alcalá, los cuales a inicios del siglo XX disfrutaban de sus playas y de sus cálidas aguas acompañados de familias de Valencia que igualmente tenían posesiones en el lugar aprovechando los menesteres agrícolas del verano.

El desarrollo turístico de los años sesenta fue cambiando la dinámica tradicional del lugar y sus gentes.

A partir de ahí, ligado a Alcalá de Xivert, surge alcoceber en documentos que se refieren a la historia contemporanea.

Sobre su etimología, hay que apuntar que recientes estudios señalan que el topónimo tiene su origen en el árabe "Al-Qusáiba", que podría traducirse por alcazaba o pequeño castillo.

En tiempos de Jaime I (1208-1276), el nombre que se utiliza en los documentos es "Alcocéver" y en la época del rey Pedro el Ceremonioso (1319-1387), hallamos la forma "Alcoçaiba".

Todo parece indicar que la "R" final pudo ser añadida en valenciano, de ahí probablemente Alcocéber y alcoceber, así como la más primitiva Alcocéver de tiempos del rey Conquistador. En textos y mapas en castellano se consolidó como Alcocéber y alcoceber, aunque su nombre actual es alcoceber.

Los Pozos de Agua

Hasta épocas contemporáneas en que los medios técnicos han facilitado el abastecimiento de agua a Alcalá y de riego para sus tierras, por su configuración orográfica y altitud con respecto al nivel del mar, los habitantes de la población han sufrido ,durante siglos, las consecuencias de los periodos de sequía.

Desde tiempos inmemoriales se recomendaba la creación y después la limpieza de las balsas de su término municipal y salvando los pozos particulares, el abastecimiento público ha sido preocupación constante en su historia.

Dicho esto, en el paisaje urbanístico nos ha quedado constancia de la existencia de varios pozos, de los cuales el más antiguo era el conocido como "Pou vell", que se encontraba en la plaza San Ramón frente a las casas nº6 y nº7 cuya mota era de escasas dimensiones al conocer, por la tradición popular, que era saltada por jóvenes de la localidad en sus juegos. Al igual que otro situado en la esquina de la C/San Roque (casi en medio de la calle) con la de San Fernando. Ambos por razones urbanísticas fueron tapados a comienzos de los años sesenta de nuestro siglo.

Sin embargo, y formando parte de nuestro paisaje local, nos quedan para el patrimonio, el que se construyó a comienzos del siglo XVII (en 1627) en la C/Dr. Ebrí esquina con la plaza San Ramón y que popularmente se conoce como "Pou Ample". En el mismo , quedan las hendiduras de la piedra producidas por tantas y tantas cuerdas que asomaron en él sus cubos de agua para el abastecimiento particular y de las caballerías.

Otro testigo de los tiempos es el "Povet de San Joan" que está al centro de la plaza de ese nombre, en las inmediaciones de la Iglesia Parroquial.

De finales del siglo XVIII (1792) es el que tenemos en el "Plá de Dalt" o Plaza Justo Zaragozá, que blande entre sus columnas la viga que sustentaba las poleas para la extracción del agua. Cabe señalar otro de más pequeñas dimensiones en un extremo de la misma plaza hacia C/Dr. Ebrí.

En la calle del Tremendal, esquina con la de San Luis, está escrito en la piedra el año de la construcción de otro. Data de 1884.

A comienzos del siglo XX, en 1906, se hace el de la plaza Frontó y posteriormente, en 1908, en las cercanías del matadero municipal en el extremo de la C/Tremendal con la carretera de Cuevas de Viromá.

Por último, nos queda constancia del de alcoceber que blande, como un bastión, la antigua calle del "Renc" o San José en las cercanías de la Iglesia de San Cristóbal. De 1931.

La Leyenda de la Roca del Moro

El rey Jaime I conquista y repuebla estas tierras en el primer tercio del siglo XIII y en 1260 otorga la carta de repoblación a alcoceber.

Con el mutuo respeto para ambas religiones, tanto a la de los viejos moradores como a la de los nuevos cristianos, la Carta Puebla de Xivert constituyó un excepcional ejemplo de convivencia entre sus habitantes.

En estos términos históricos, la leyenda nos conduce a un joven campesino árabe que cultivaba unas tierras en las proximidades del mar.

Cierto día, vió pasar por el camino a una hermosa doncella que caminaba hacia el poblado. Embelesado por su belleza, el campesino se atrevió a seguirla. Pero cual sería su sorpresa cuando observó que habitaba en casa de cristianos en el poblado de alcoceber.

Pese a ello, y consciente del abismo que la religión les iba a separar, se dió cuenta que la damisela no había quedado ajena a la atención del árabe. Al poco tiempo, brotó en ellos una bella historia de amor, siendo el testigo más fiel un pequeño premonitorio que se adentraba en aquellas aguas.

Sin embargo, tendrían que ser los imponderables de sus orígenes quienes les conducirían por diferentes senderos.

Con el transcurrir de los años, aquel campesino moro continuó a diario sentándose en la roca con la mirada perdida en el horizonte rememorando a su amada.

La "Roca del Moro" será pues el símbolo permanente para los habitantes del lugar, de una leyenda de amor que ha perdurado en el transcurrir de los tiempos.

Cala Mundina y Cala Blanca

De pequeños acantilados algo erosionados por el mar, ambas caletas estaban protegidas, al parecer, por una torre vigía que pudo ser situada entre ambas cumpliendo el objetivo de preservar al litoral y sus poblaciones próximas de los "piratas argelinos", según se desprende de documentos de 1785.

Se sabe que desde ellas se produjeron desembarcos y partieron ataques para acosar naves valencianas, que surcaban esta costas, por parte de berberiscos coaligados con los turcos.

Hoy día se puede disfrutar en ellos, en su recoleto paisaje, del sol, el mar y la pesca en un fácil acceso del camino de Ribamar paralelo a la costa norte de alcoceber.

 

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